El sistema no anunció el cambio, no lo marcó con un quiebre visible ni con una anomalía que pudiera señalarse como origen, pero comenzó a sentirse en la forma en que el entorno dejó de esperar nuestras decisiones para ajustarse a ellas y empezó, en cambio, a rodearlas antes de que existieran por completo, como si cada posibilidad que aún no habíamos elegido estuviera siendo considerada, contenida y, en cierto modo, limitada por una arquitectura que ya no reaccionaba al presente sino que operaba en un campo más amplio donde la intención y la consecuencia comenzaban a superponerse.Caminábamos sin prisa, pero tampoco había una dirección clara que pudiera considerarse propia, porque el flujo del campus se reorganizaba con una precisión tan sutil que no imponía un camino, pero lo sugería con una insistencia casi imperceptible, como una corriente que no empuja, pero sí condiciona, y en esa sensación había algo profundamente inquietante, una pérdida gradual de la fricción que antes definía
Leer más