La desalineación no desapareció, pero tampoco se mantuvo intacta, empezó a transformarse en algo más sutil, más profundo, como si el sistema la hubiera tomado no como una anomalía a corregir ni como una amenaza a neutralizar, sino como una variable nueva que debía ser integrada sin comprometer la coherencia global, y en ese proceso el entorno dejó de mostrar pequeñas fracturas visibles para adoptar una forma distinta de estabilidad, una en la que la irregularidad no era eliminada, sino distribu