No tomamos la decisión de inmediato, pero el sistema tampoco nos dio el margen para sostenerla como una posibilidad abierta, porque la tensión interna que habíamos identificado no permanecía estática, se desplazaba, se redistribuía en capas cada vez más profundas donde ya no era visible en la superficie, pero sí detectable en la forma en que la coherencia comenzaba a exigir un tipo de alineación más preciso, más restrictivo, como si el propio equilibrio del sistema estuviera entrando en una fase donde cualquier ambigüedad debía resolverse, no por imposición, sino por saturación de sus propias variables internas.El aire se volvió más limpio, pero no en un sentido físico, sino estructural, cada sonido parecía recortarse con mayor definición, cada movimiento encontraba su trayectoria con menos desviación, como si el sistema estuviera cerrando progresivamente todos los márgenes de indeterminación que antes permitían pequeñas irregularidades, y en ese cierre había algo más peligroso que l
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