Cuando Marcus comenzó a caminar, Rubí se removió ligeramente. Había sentido el movimiento. Abrió lentamente los ojos, miró a su alrededor y murmuró:-¿Ya estamos en casa?-Sí, ya llegamos -asintió Marcus con una sonrisa, y le susurró-. Duerme tranquila, te llevaré arriba.-Está bien... -Rubí asintió con un hilo de voz. Estaba agotada. Había bebido vino, había saludado a tantos invitados y se había mantenido de pie todo el día. Ya no le quedaban fuerzas. Al escuchar a Marcus, volvió a cerrar los ojos y se durmió de nuevo.Subió las escaleras con ella en brazos. Algunos sirvientes se acercaron para ayudar, pero Marcus solo les pidió que abrieran la puerta, prepararan los artículos de tocador y llenaran la bañera. Cuando terminaron, les indicó que se retiraran.Una vez a solas, Marcus observó por un momento los productos para el cuidado de la piel de Rubí. Luego, con delicadeza, le recogió el cabello, le quitó el vestido y comenzó a limpiarle el maquillaje.Rubí se despertó a la mitad y
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