Marcus se quedó en silencio unos segundos, conmovido.—¿De verdad... nunca me culpaste por nada?Rubí respondió con honestidad:—Al principio pensé que eras un poco intenso... abrumador, incluso. Pero como ya me había enamorado de ti, ¿para qué culparte? Lo que sentía era más fuerte que cualquier duda.Habían pasado tanto tiempo juntos, que hacía ya mucho que habían cruzado el punto de no retorno.—¿Qué pasa? —preguntó Rubí, algo desconcertada al escuchar el suspiro de Marcus.Él se rió suavemente, como si la consolara, pero también con un matiz de impotencia:—¿Por qué eres tan tonta, mi esposa? Nunca te esfuerzas por pedir nada. ¿Sabes que, con tu estatus y calificaciones actuales, no deberías casarte conmigo tan fácilmente?Rubí parpadeó, sorprendida, y respondió con picardía:—¿Oh? ¿Acaso no quieres casarte conmigo?—¿Cómo no iba a querer? —Marcus soltó una carcajada—. ¡Claro que quiero casarme contigo! Pero... Rubí, sabes que el matrimonio es para toda la vida. ¿Estás absolutamen
Leer más