Sonrió y preguntó:—¿Qué pasa? No pareces muy feliz.Marcus no respondió de inmediato. Cerró la puerta con cuidado, caminó directamente hacia Rubí, se arrodilló junto a la cama y extendió los brazos hacia ella.—Esposa... necesito un abrazo.Rubí no entendía qué ocurría, pero, sin dudar, se inclinó para abrazarlo. Marcus la rodeó con fuerza, apoyando el rostro en su cuello. Su voz salió ronca al oído:—Esposa...El corazón de Rubí se apretó. Había tanto peso, tanto dolor en esa simple palabra. A pesar de todo lo que tenía, en ese momento Marcus parecía un niño perdido, y ella no pudo evitar compadecerlo.—Estoy aquí, esposo —susurró Rubí, devolviéndole el abrazo. Le acarició suavemente la espalda con ternura—. Estoy aquí.—Lo siento —murmuró Marcus después de un momento, con la voz ahogada—. Te trataré aún mejor de ahora en adelante.Rubí lo acarició con suavidad, sintiéndose conmovida por sus palabras. No obstante, bromeó con dulzura:—¿Qué pasó? ¿Hiciste algo vergonzoso allá afuera?
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