Sonrió y preguntó:
—¿Qué pasa? No pareces muy feliz.
Marcus no respondió de inmediato. Cerró la puerta con cuidado, caminó directamente hacia Rubí, se arrodilló junto a la cama y extendió los brazos hacia ella.
—Esposa... necesito un abrazo.
Rubí no entendía qué ocurría, pero, sin dudar, se inclinó para abrazarlo. Marcus la rodeó con fuerza, apoyando el rostro en su cuello. Su voz salió ronca al oído:
—Esposa...
El corazón de Rubí se apretó. Había tanto peso, tanto dolor en esa simple palabra.