Capítulo 29Tras el mensaje amenazante, Miguel no gritó ni dio órdenes frenéticas. Se limitó a observar a Sofía, que permanecía de pie junto a la ventana, con los hombros ligeramente hundidos bajo el peso de una verdad que ella aún no terminaba de digerir.El reloj de pared marcaba cada segundo con una precisión mecánica que crispaba los nervios.—Haz las maletas, Sofía —dijo él, con una voz que no admitía réplicas, pero que carecía de la frialdad de los días anteriores—. Nos vamos. Ahora mismo.—¿A dónde? ¿Y la junta de mañana? Miguel, Diana tiene los votos de su padre, si no te presentas ella tendrá el camino libre para despedazarte frente a los inversores —Sofía se acercó a él, buscando en sus ojos una explicación que fuera más allá del impulso.—Que se queden con los edificios y las acciones si es lo que quieren —dijo él, caminando hacia ella. Se detuvo a escasos centímetros, lo suficiente para que Sofía pudiera sentir el calor que emanaba de su cuerpo y el aroma que lo envolvía—.
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