En la casa de campo los niños extrañaban a Antonio, quien jugaba a la pelota con ellos, Raúl trataba de dedicarles tiempo, pero las labores de la empresa, más la atención para Margarita lo mantenía ocupado. Además, Antonio le había encargado que siguiera preocupado de los orfanatos.Raúl visitaba cada orfanato viendo que todos estuvieran abastecidos con comida y leña por el frío, en uno de ellos le llamó la atención un niño de apenas un año que lloraba mucho llamando a su mamá, había sido abandonado hace poco en las puertas del orfanato con una nota “querida directora, le encargo a mi hijo, que por razones económicas yo no tengo ni para alimentarlo, con el dolor de mi alma la dejo en sus manos, cuídenmelo por favor, su nombre es Arturo”Raúl le contó la historia de la pequeña a Margarita, Estela y Eulogio, ellos sintieron pena por aquel niño y la desesperación de aquella madre, -si pudiéramos encontrar a aquella mujer, le podríamos ofrecer algún trabajo y así estaría con su hijo- dijo
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