Luis se fue. Sara tomó un sorbo de leche —si él no iba, ella lo enfrentaría sola.Llevaba años peleando en ese campo de batalla que era los Vargas, y esta vez no sería distinto. Podía con todos ellos.Sara tenía plena confianza en sí misma. Sacó el celular y marcó el número de su asistenta.—Hola, Sara, buenos días —contestó la asistenta.—¡Buenos días! ¿Llegó el vestido que te pedí que encargara?El banquete de cumpleaños del abuelo era mañana, y ella había mandado a su asistenta a encargar un vestido de alta costura con bastante anticipación.—Sara, justo te iba a llamar. El vestido ya llegó, ¡hoy mismo puedes ir a probártelo!—Bien, acompáñame.—Entonces nos vemos en la tienda.Sara colgó y se asomó a la cocina.—Rosa, me voy al estudio.—Señora, coma un poco más. Ahora tiene que comer por dos, así el bebé tendrá todos los nutrientes que necesita.—Rosa, ya estoy satisfecha. Me voy a trabajar.Y salió.***Sara y su asistenta llegaron a la boutique. La vendedora ya las estaba espera
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