La pregunta de Aiden quedó suspendida en el aire, frágil, temblorosa, como una plegaria que nadie había querido escuchar jamás.La sangre continuaba deslizándose por su pecho, tibia, pesada, viva. Aiden intentó incorporarse, pero su cuerpo no le obedeció. La presión invisible que lo mantenía inmóvil no era física: era lunar, antigua, tejida con un poder que conocía demasiado bien y que, sin embargo, no le pertenecía en ese instante.—Paris… —repitió, con la voz rota—. ¿Qué estás haciendo?La figura sobre él se quedó inmóvil. Durante un latido eterno, el rostro de Paris Storm pareció fracturarse. No de forma literal, sino como si dos presencias lucharan bajo la piel. Los ojos se oscurecieron, luego brillaron con una luz plateada imposible. La expresión dulce que Aiden conocía se tensó y desapareció.Antes que emergerá la identidad de Scarleth, ella intentó disimular. —¿Recuerdas que te pedí ser una de los tuyos?Aiden con la mirada perdida, respondió de manera afirmativa sin mover sus
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