—¡Jm!Con fingida terquedad, volteé la cara, aparentando estar molesta.Luego, "Darío" volvió a gritarme:—¿Ahora te pones caprichosa? No digas que ninguno de mis amigos te codicia; y aunque lo hicieran, ¿qué? Cuando me canse de ti, igual te voy a envolver como regalo para ellos.Tan pronto como salieron esas palabras de la boca de "Darío", los guardaespaldas se frotaron las manos y me miraron de una forma todavía más descarada.De inmediato, apreté los labios, exprimí dos lágrimas y miré a "Darío" con falsa indignación:—Tú dijiste que mientras te atendiera bien, no me ibas a entregar a nadie. Me mentiste otra vez… Yo… yo no quiero vivir más. ¡Voy a buscar al señor Felipe para que me haga justicia!—¡Basta, maldita mujer! ¡Qué escándalo! Levántate de una vez y baja conmigo a ver al señor Felipe —me interrumpió "Darío", impaciente.Desde la puerta, uno de los guardaespaldas añadió:—Sí, el señor Felipe lleva rato esperando abajo. Claro, claro. En realidad, el señor Felipe no quería que
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