Feralis, en cambio, era la ruptura de ese equilibrio, una presencia que no buscaba armonizar sino tensar cada hilo hasta el límite.Su mitad marrón era más profunda, más invasiva, extendiéndose con fuerza sobre el rostro y el torso, dándole una presencia más cruda, más terrenal. Su pelaje era ligeramente más áspero, menos contenido, como si el viento lo habitara constantemente. Sus ojos, de un ámbar oscuro cercano al cobre, brillaban con una intensidad más peligrosa. Su postura se inclinaba apenas hacia adelante, como si el cuerpo entero estuviera listo para reaccionar en cualquier instante. Las marcas en su piel no eran simétricas; algunas parecían más profundas, más vivas, como cicatrices que no buscaban ocultarse.Incluso en lo mínimo se diferenciaban.Sylvar mantenía las garras retraídas, bajo un control preciso, y su respiración era casi imperceptible; Feralis, en cambio, dejaba que las garras asomaran con naturalidad, mientras cada exhalación suya se hacía presente, densa y marc
Leer más