Todo había terminado. Los días volvieron a la normalidad, a aquel ritmo monótono que siempre los había acompañado. Ya no había búsquedas en los pasillos, ya no había esa sensación de peligro y excitación a la que rápidamente se había acostumbrado. Ahora, cuando su mirada se encontraba con aquellos ojos dorados, no había más que un mínimo reconocimiento de parte de ambos.Eran como dos extraños que compartían juntos un secreto. El secreto de haberse unido carnalmente, de haberse entregado a una pasión que estuvo a punto de dejarlos a ambos calcinados. Afortunadamente, pudo detenerlo a tiempo... O, por lo menos, eso esperaba. -Amor, no olvides lo de esta noche -le dijo Roberto un instante antes de darle un beso en los labios.-No lo he olvidado, amor. Nos vemos más tarde -se despidió de su novio, bajándose del auto que acababa de dejarla en la puerta de su casa. La castaña se adentró a aquel lugar tan conocido, pensando en la cena a la que asistiría dentro de unas horas. Los padres
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