—Perfecta… mi Luna… —decía mientras pasaba mi mano por sus brazos, su espalda, frotaba sus caderas, bajando a la fantástica curva de su trasero. Sus brazos temblaban y ni siquiera habíamos comenzado. Maldición. Connor estaba agitado, expectante, enloquecido. —Deseaba tomarte así en el restaurante, f
Leer más