–¡Mierda, realmente eres tú!– trago grueso, no sé quién está más nervioso, si el o yo. –¿Me recuerdas?– mi voz tiembla, casi ni se oye. –Pense que eras un sueño- murmura, está vez está más cerca de mí. –No, soy real– Amon se acerca a una velocidad desconocida y me toma en brazos para abrazarme con fuerza y darme vueltas por toda la cocina. –Eres tú, eres tú– chilló emocionado, mis ojos se cristalizan al ver cómo empieza a llorar desconsoladamente. El me deja en el suelo e intenta limpiarse la lágrimas, pero ahora soy yo quien lo abraza– estoy molesto Izel, no me llevaste contigo– sonrió, Cora también me dijo lo mismo. –Lo siento tanto. –No, no lo hagas, son cosas que destina la Diosa. Pero ahora estás aquí y espero que no vayas a marcharte nunca más– sonrió, él me sonríe– tenemos tantas cosas de que hablar, dime ¿Alguien más te reconoce? –Solo Cora– le digo. –Esa bruja, hace dos días estuve con ella en la mañana y no me dijo nada– rió, él ríe. Era como un momento que ninguno d
Leer más