Estoy esperando mi turno en las butacas del auditorio —Bien, la siguiente es Tamara— llama la profesora. Después de ella seré la siguiente. Estoy bastante tranquila, haré lo que mejor sé hacer. Puedo soportarlo. Ella se mueve con ligereza, tiene elasticidad pero sus piernas son cortas, agacha mucho su cabeza y su dorso no está apretado. —Gracias señorita— carraspeo, cuando ella parece un poco confundida, le han dado 2 minutos solamente. —Mila— se vuelve a mí y yo me pongo de pie completamente erguida, respiro profundo. Me pongo en el medio del templete, muerdo mis labios y alzo la barbilla. La música empieza, me muevo de un lado a otro, trato de lucir mis largas piernas y mirar al público siempre. De un lado a otro, salto, panza sumida, siento la música. Es como el tacto de Alexander hace unas noches… la disfruto. Continuo bailando por no sé por cuánto tiempo, solo me imagino sus manos junto a las mías, sus besos… sus labios suaves. Salto por última vez y abro los ojos mirando a
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