Bienvenido

Sueño con esos dos hombres irrumpiendo en mi casa, el disparo, la desesperación. Finalmente me despierto con el calor y la agitación en el autobús. Termino jadeando y sudoroso aferrándome a mis pertenencias y a los recuerdos de una vida normal.

Buscando despejar mi cabeza, reparo en el entorno mirando por la ventanilla de mi asiento. Afuera hay grandes extensiones llanas con muchas vallas salpicadas de animales de corral. Las vacas se veían tan despreocupadas echadas en el pasto a la sombra de los árboles que por un momento intenté recordar la tranquilidad con la que he vivido siempre.

No lo logré.

Me relaja el sonido ronco del motor, tan constante y profundo.

Llego al destino.

Green Valley es tal y como lo recuerdo. Una ciudad muy verde y mucha tranquilidad y rodeado de montañas.

Tía Eliana esperaba en su pórtico, sentada en su silla colgante con una revista en manos. Al parecer se percató de que había un taxi frente su casa cuando escuchó las puertas abrirse.

No era para menos el recibimiento que me dio, sabiendo cómo es.

—¡Elian, cariño! Pero mírate, ya estás hecho todo un hombre —decía con voz sobre actuada e intentando pellizcar mi cara. Al no alcanzarla desistió.

Tía Eliana es una mujer rozagante y llena de vida, a pesar de su edad.

—Hola tía -respondo de manera apática ante tan cálida bienvenida.

Tras ella, viene un chico de estatura similar a la mía, y al instante en que me alcanza, me da menuda palmada en mi hombro y seguido me abraza. Es Frey, mi primo.

—Eh, primo, ¿cómo va todo? —dice de modo entusiasta.

No doy muchos detalles tras pensar en las sorpresas que ha pasado por mi vida estos últimos días, y tras quedarme en silencio, tía Eliana jala a Frey del hombro, y le exige que me ayude a bajar el equipaje.

Lo agradezco en silencio.

Les explico que no puedo cargar con lo pesado del equipaje por mi condición "accidental" por la que pasaba mi pierna, la cual, a simple vista se nota que tengo ciertos vendajes bajo un pantalón holgado.

Había pasado tanto tiempo de mi última visita que había un techo con recubierta nueva en terracota y la pintura de la fachada era diferente.

Una casita sencilla de dos plantas, con cocina y salón en la planta baja y las tres habitaciones arriba.

Al parecer ya tenían en proceso una buena cena para mi llegada. Después de doce horas montado en un autobús tenía ganas de comerme el mundo y echarme a dormir plácidamente.

En lo que puedo, camino despacio porque aún tengo un dolor punzante en la pierna, y me apresuro en tomar asiento en el comedor. Hablamos por un rato para ponernos al día, como es costumbre. Les explico cómo me fue en la preparatoria y ellos me preguntan al instante sobre mis planes para la universidad. Odio hablar sobre mi futuro ya que las personas creen tener el derecho de poder opinar sobre los planes que quiero hacer y tienden a dar opiniones que, a mi punto de vista, son irrelevantes, así que usualmente miento, porque la verdad es que no sé qué hacer con mi vida, y las personas escuchan lo que quieren oír.

—Bueno, lo he hablado con mi mamá y quedamos en que asistiría a la universidad —explico mi mentira—: la de la ciudad parece buena opción y lo más probable es que estudie comercio. Mamá dice que con lo que me gusta hablar me sentaría de maravilla —finjo una sonrisa.

A tía Eliana le brillan los ojos de la emoción.

—¡Que buena noticia!, vas a salir igual que tu tía, y no es para menos, el talento lo llevamos en la sangre -me da un golpecito en el hombro en modo de broma.

Y ahí muere el tema de conversación. Si tan solo me apoyaran en lo que realmente quiero...

Me siguen acribillando a preguntas de diferente tipo y yo respondo con las cosas que deben escuchar, sin dar mayor lujo de detalles, sobre todo cuando preguntan sobre mi papá. No doy mayores indicios de que posiblemente esté a la fuga de unos matones por deber dinero, la verdad es que me da igual si lo atrapan o no.

Al finalizar la comida, tía Eliana explica que hay un regalo esperándome en la habitación de invitados.

La incertidumbre me mata y voy subiendo los escalones de uno en uno como una persona vieja que no aguanta el dolor en su pierna.

Al llegar, me entra la sorpresa de que es el mismo cuarto de siempre.

Todo normal salvo un objeto negro sobre el colchón...

Al encender la luz, me percato de que es la funda de una guitarra. De inmediato la abro y esta es electroacústica con un estampado de polígonos que la hace parecer que es de cristal. tiene una nota entre las cuerdas que reza:

Para que tu vida esté llena de ritmo

Tía Eliana

Cojeando persigo a tía Eliana toda la noche mientras le daba varios abrazos y le besaba lo alto de la cara. No suelo ser así de cariñoso, pero cuando se meten con mi música de esta manera, pues, se lo ganan, no hay de otra. Sin embargo, ella se fastidió y terminó encerrándose en su cuarto dejándome afuera con la emoción.

Es lógico. Juguete nuevo, hay que estrenar.

Me dirigí a la terraza de la casa para no fastidiar con el sonido y vaya que la calidad se nota a leguas. La resonancia es exquisita, y si no fuera el hecho de que no estoy acostumbrado a cuerdas tan gruesas en acero que lastiman mis manos, sería de lo más de perfecto.

Ese día pude dormir bien. Durante algunos días estuve haciendo una rutina relajada en casa de tía Eliana intentando descansar lo más posible y de curarme. Entonces no tenía ninguna prisa por pensar en mi futuro, como me había explicado mamá Elisa. 

**

Una semana después, tras hacerme la cura de la herida en mi pierna, Frey entra al cuarto meneando una llave con sus manos.

—No me digas, Eliancho, ¿te vas dormido tan rápido?

Lo miro con expectación e ignoro el hecho de que no me ha hecho ninguna pregunta de mi herida. Para entonces, ya no me lastimaba tanto caminar, pero tenía que evitar hacer esfuerzos.

—Eh... Si, estoy que no puedo con mis ojos.

—Venga ya, que te veo más espabilado que de costumbre. Seguro dormiste más de diez horas en lo que va de día...

No miente, pero aun así...

—...Te tengo una propuesta: Vamos a una fiesta esta noche y te consigues a una chica para que pases unas buenas vacaciones. ¿Qué dices?

—Que va, las fiestas no son lo mío.

—Eso no significa que no quieres conocer gente, ¿o si?

En eso, también tiene razón.

—Vale, si quiero conocer gente nueva —digo por lo bajo—, aunque no estoy seguro de que pueda ir así.

—Bla, bla, bla, ¡excusas! Que conozco un tío que se lió con dos chicas en una noche andando en muletas. ¡Vamos! Te prometo que te la vas a pasar bien.

Intercambiamos miradas profundas por unos instantes. La idea es disparatada y evidentemente no debo aceptar.

—Ah, ¡vale! Pero si me aburro más de un minuto, me traes de vuelta, ¿hecho?

Digo con la esperanza de que no acepte mi demanda. Una parte de mi quiere salir y distraerse.

—Ehmm...

—Si no, no hay trato.

—Vale, vale, lo que digas. Si eres nenita. Salimos a las once así que... A menos que seas el del estriptis, ponte algo decente —dice señalando mi cuerpo.

Resoplo para mis adentros. ¿Quién no querría este cuerpo escultural?

Me veo en el espejo y mi carencia de masa muscular hace que tenga una particular forma cuadrada. Sin embargo, la poca grasa que tengo hace que se me noten los músculos, si es que esto se puede llamar músculo.

Bajo como puedo e intento no pensar que es una pésima idea. Es lógico que Frey no sepa que es una herida de bala lo que tengo en la pierna, por lo que no sabe que lo más probable es que si sigo caminando a este paso, se me desgarre algo ahí dentro o se abra la herida. De igual forma está casi curada.

Cuando Frey me ve, enarca una ceja.

Llevo unos pantalones de mezclilla holgados y una camiseta de una banda de rock.

—Regresa que te voy a prestar algo decente —me dice.

—¿Decente?, pero si pareces una mujer preocupandote por cómo se tiene que vestir uno.

—Ja, ja. Que a las mujeres les gusta un tío que mínimo se ve aseado. ¿Acaso no has salido con alguien ya?

El silencio responde por mí, y Frey se echa a reír de manera estridente.

Busca una sudadera de un solo color en marron crema y me pone encima una remera en negro. Ambas me quedan solo un poco sueltas por lo que es lo más cercano a ajustada. Mientras que, con los pantalones, a pesar de que le insistí en que tenía varios que tenía en mi maleta, el parecía inspirado en lo suyo así que no le quise cortar el rollo.

Finalmente, de mi cabello enmarañado, le echó algo cremoso y peinó para después desordenarlo con las manos.

—Perfecto —me dice admirando su trabajo—. Ten, me das las gracias luego —pega de mi pecho un preservativo—. Seré recordado como el hombre que ayudó a su primo a perder lo virgen.

Quiero reprocharle toda la monería que acaba de hacer, pero la verdad es que me veo mejor, así que me quedo en silencio.

Nos montamos en el Mazda y quince minutos después llegamos a una calle donde todas las casas eran muy grandes. En el lugar a donde íbamos, había un jardín muy conservador con césped bajo y una escultura de piedra.

El frente de la casa parecía sacado de una revista en la que un arquitecto se le había ocurrido jugar un poco al tetris, pero he de admitir que se veía fenomenal. El piso oscuro de madera contrastaba con las sólidas paredes blancas y las columnas lisas.

Tras salir de mi ensimismamiento, reparo que estamos en una fiesta y muchas personas están pasando por la puertecilla del patio donde tras ella se ve a personas bailando y se escucha música.

No me doy prisa para entrar. En el patio trasero hay casi un centenar de personas alrededor de una piscina que echa vapor, me doy cuenta al instante que tiene calefacción. Del lado de la casa, hay una especie de terraza sostenida por dos gruesas columnas en donde está instalado un DJ y un bartender. Una fiesta con catering es una fiesta de riquillos.

Empieza mi paseo con Frey para que me presente personas, y lo hace con mucho entusiasmo. Pareciera que toda la fiesta lo conoce. En cada grupo en el que pasamos, siempre están, o terminan, hablando sobre la universidad, sexo o alcohol, claro, suponiendo que flirtear entra en la categoría de sexo, y no es precisamente conmigo.

Después de un momento dando vueltas me está comenzando a doler la pierna así que busco un lugar donde descansar. A un borde de la piscina hay una chica sentada con las piernas metidas en el agua quien describe círculos con el pie sobre la superficie de la piscina. Me interesa ya que está sola y parece estar perdida en sus pensamientos.

—Eh, ¡hola! —le digo.

Al principio parece no entender que me refiero a ella. Ahora que estoy cerca, no puedo dejar de pensar en que tiene una cara muy bonita, aunque la cantidad de luces que proyecta la piscina hace que todo su ser se pinte de distintos colores así que no la puedo observar bien.

Tras observarme, me ignora al instante. Veo lo que hace con las piernas tan relajante que no pienso mucho para quitarme los zapatos, remangar los pantalones e imitarla. El agua está tan divina que siento como mi cuerpo se relaja.

—¡Hey!, ¿acaso nadie te ha enseñado a respetar el espacio vital de los demás? —dijo ella quejándose. Noto que quiere poner voz imponente, pero no le sale. Al contrario, su voz es tierna.

—Pensé que me ignorabas, y que no te importaría que me sentara aquí —respondo—. No pareces estar divirtiéndote.

Me analiza unos instantes antes de hablar.

—Es que espero a alguien.

—Excelente. Entonces me tomaré la molestia de acompañarte. Dicen que el tiempo pasa más rápido cuando te diviertes.

Durante unos segundos la chica mantuvo la cabeza gacha, como si estuviera más atenta a las ondas que se hacían en la vaporosa piscina.

—Un placer. Me llamo Elian —digo mientras extiendo mi mano, pero esta queda colgada en el aire.

Si sigue así de apática, será realmente incómodo. Por lo menos no parece exactamente molesta por mi presencia.

—Pareces persistente, ¿me equivoco?

—No lo sé, chica misteriosa —digo apoyándome sobre mis manos—. Quizás lo descubras pronto. Quién sabe si te sorprendas —bromeo.

—¿Sorprenderme?, estás de broma —dice entre risas.

—Vamos, chica, ¿vienes a una fiesta a estar amargada? ¡Cuántos tragos necesitas para estar como ese que está allí! —señalo a un chico del otro lado de la piscina que está en su mundo de fantasía bailando solo y cantando!

Enarca los labios mostrando una sonrisa breve.

—No gracias, no bebo.

—Eres interesante, seas quien seas.

—¿Interesante? —no la veo pero sé que levanta las cejas por como lo dice—. No he hecho nada para parecer interesante.

—Me da la impresión de que tenemos conceptos distintos de qué cosas son interesantes.

—Aun no entiendo qué te parece interesante.

—Vamos, que todos aquí solo saben hablar de sexo, alcohol y viceversa. Sabes... Todos aquí tienen una relación con la fiesta, supongo que todos son de universidad. ¿Tú qué relación tienes?

—No te interesa. ¿Por qué no vas con tus amigos?

—Pues si me interesa. Yo no soy de esta facultad, ni de ninguna —parece que ella se sorprendió de esta respuesta—. El problema es que yo acabo de llegar a esta ciudad.

Donde está el tumulto de gente, comienzan a vitorear a alguien que se bebía una línea de vasos de cerveza increíblemente rápido. La persona con la que competía, no le pudo seguir la carrera.

Volteo para ver a esta chica y noto la cara de rechazo ante lo mismo que veo yo.

—Sabes —le digo—, todas esas personas tienen algo que comparten con los demás, pero creo que nosotros no encajamos aquí.

Estuve a punto de seguir hablando cuando ella me interrumpió.

—La verdad es que tampoco soy de esta facultad —suelta—, tampoco estoy en la universidad. De hecho, tengo una amiga que me obligó a venir; es esa de allá —apuntó con la mirada a una chica que estaba sentada en la terraza con un chico de mayores proporciones que ella.

—Te entiendo, ese de allá es mi primo, Frey. Él es quien me arrastró hasta aquí —señalo a Frey quien alzaba su lata de cerveza con un grupo de chicos con las mismas características físicas. Parecían todos dispuestos a hacer algo, pero esperaban a alguien porque miraban hacia todos lados—.

—Parece un idiota.

—Vaya que lo es —me rio—, pero es el mejor primo que existe.

Ella me responde con una risita.

—Esa persona que esperas, ¿realmente existe? —digo después de unos segundos de silencio.

—No lo sé. En un rato lo sabrás y quien sabe si te sorprende.

—Oye, esa es mi frase —la veo escucho por lo bajo.

En ese momento, veo que el grupo de mi primo no lleva más que la ropa interior puesta y acto seguido, se zambullen en la piscina en conjunto. Me cubro con los brazos de la salpicadura y veo que la chica a mi lado se está levantando y coje sus zapatillas.

—¿Vienes? —me dice y yo comienzo mi proceso torpe por levantarme.

—Así que aprecias mi compañía, ¿eh?

—Digamos que te estoy utilizando para alejar a cualquier otro idiota.

—Que chistosa —digo con sarcasmo—, "otro idiota" —imito con voz en falsete.

Para estas horas, muchas personas están perdidas en su borrachera, mientras que otras apenas están llegando. Es impresionante como tantas personas se reúnen para hacer este tipo de desmadres. Parecen... felices, por no decir otra cosa.

Como es de esperarse, por todos lados veo hormonas brotar, besos de distintos tipos, con cualquier combinación y en cualquier cantidad. Muchos juegan a cosas de bebidas, como el de la botella que gira, o uno donde usan unas cartas para ver cuántos vasos tienen que beber.

Sin embargo, esta chica camina delante de mí a paso lento y observa todo con detenimiento. La sorprendo mientras canta la canción que está sonando. Es un remix de Billie Eilish, por lo que me río en silencio.

—¿Quieres hacer algo divertido? —me dice.

Me agarra desprevenido, pero le digo que sí.

Cuando arranca su carrera la desacelero para que vaya a mi ritmo. En eso me pregunta que por qué camino tan lento, pero al parecer le da gracia. Me molesta diciéndome abuelo, y le replico entonces con voz de anciano "son cosas de la edad".

Señalo en mi pierna a la altura de donde tengo la herida y ella hace un gesto de entender.

Para mi sorpresa, estamos pasando por la terraza sin problemas y ella me toma de la mano. Siento que la zona bajo mis orejas arde, y creo que es mi forma de ruborizarme. Por suerte, nadie nos ve y seguimos de largo.

Dentro de la casa parece un palacio con arte, ya que no consigo mejor palabra. Hasta las escaleras que pareciera suspendida en el aire hacen una exquisita curva hasta la planta superior.

Hay un grupo de gente ahí reunida en un espacio donde hay muchos sillones. Todos tienen pinta de niños de papi con sus camisas de Polo, pantaloncillos de colores brillantes y un par de botellas que tienen toda la apariencia de valer lo que vale mi celular. Sin embargo, esa gente apenas repara en nuestra presencia, salvo tres muchachas al fondo que comienzan a cuchichear al verme, cosa que no le tomo importancia. Lo que me importa ahora es que una chica la cual no conozco su nombre me está tomando de la mano y no sé a dónde me lleva.

Pasamos por un pasillo entre la cocina y esa zona social para acabar en otra más interesante, donde hay un par de sillones tipo puff, un sillón reclinable, una estantería repleta de libros, un caballete con un lienzo a medio terminar y una guitarra al final de todo. Se ven algunos instrumentos de gimnasio, pero parece son esos discos sueltos fueron renegados a ser almacenados donde les corresponde.

En ese momento la chica se sienta en un puff y me hace ademán de que haga lo mismo en el puesto contiguo.

—Así que no eres de la universidad —le digo mientras ella sale de su trance.

—Eh, sí. No me he graduado aún.

—Vaya, pero pareces... —no termino la frase cuando ella me complementa.

—Mayor, lo sé. Pero siempre se equivocan con mi edad.

—No iba a decir eso. Pareces de mi edad.

Hay un breve silencio.

—¿Aquí vives? -le pregunto.

—No, aquí vive mi amiga.

—Entiendo... Voy a agarrar esto un momento —le respondo mientras me acerco a la guitarra que parece una de las clásicas.

Afino la última cuerda y la chica me ve incrédula, como si estuviera un tanto expectante a que hiciera una payasada.

Se sorprende cuando comienzo a hacer una escala, de esas con las que se calientan las manos, para luego interpretar una canción suave. No suena tan bien como quiero, pero es lo que puedo hacer a estas horas. A pesar del bullicio de afuera, las paredes amortiguan y encierran el sonido de aquí adentro, por lo que al menos es audible lo que hago.

Me embargo en mi música y ella solo reclina la cabeza hacia atrás. Continúo durante por lo menos diez minutos, cuando me entra el sueño. La música se calmó un poco allá afuera y pusieron un play list prediseñado y menos rebelde.

La chica al notar que me detuve se levanta de golpe, haciendo que sus cabellos salga disparados con ella. Ahora que la tengo así de frente, la puedo detallar bien. Sus ojos son verdes, pero no son tan brillantes. Su cabello, en cambio, tiene mucho brillo y me parece que no termina de ser rojo ni marrón. Es como un cobre, pero no lo sé con exactitud. Su cara, a pesar de que está siendo regañada por el sueño, es fina con unos labios de buen grosor. Tiene piel clara y varias pecas en la cara, delgada pero su figura no deja nada que envidiar. Me pongo a pensar que no fue tan malo venir a esta fiesta. También pienso en el hecho de que es hermosa.

—¿Por qué te detienes? —me dice.

—Estoy algo cansado —es la verdad.

—Creo que yo también. Tocas muy... —va a terminar su oración cuando un alboroto en el área de la piscina hace que apaguen la música para que se escuchen algunos gritos—. Oh diablos —dice la chica mirando rápidamente por la ventana—. Tengo que ir —me dice con preocupación.

No me da tiempo de decirle nada cuando me deja solo en la habitación aprovechándose de que no puedo seguirle el ritmo, sin embargo, le grito casi al momento.

—¡Espera! ¿Cómo te llamas?

Pero no me escucha y se va.

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