-23-

Cruzó la puerta del ático entre agotado y avergonzado.

Menudo día.

Soltando la mochila caminó hacia el interior del ático rumbo al salón cuando al llegar se quedó de piedra. Dando pasos cortos de un lado a otro vio al pelinegro. Iba descalzo, una costumbre que pudo apreciar en él de quitarse los zapatos nada más cruzar el umbral.

No vestía de traje sino con un calzón amplio, negro y anclado a la cadera junto con una camiseta de tirantes también negra. Pudo apreciar que ll

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