CAPITULO 8

Y justo cuando las cosas parecen estar bien, la oscuridad regresa y todo vuelve a estar mal de nuevo.

                                              

                                                         Mircella Pierce

                                                        Nantes, Francia

—Estás asustada pero no pareces sorprendida—dijo Auguste— Dime Mircella, ¿Hace cuánto sabias la verdad? —lo supo antes de lo esperado, tendré que cambiar el plan. Will me veía impactado, sin comprender la situación. Intenté actuar natural, pero era muy difícil.

—Desde la segunda vez que hablaste conmigo lo sospeché—hablé esta vez— No soy una tonta. Detallé la forma de tu cuerpo y el tallaje de tus pies. Siempre lo he sabido, pero esa falsa forma de Auguste me impedía verte como alguien perverso, aunque el color de tu cabello era el mismo, no conozco muchas personas de cabello cobrizo, a excepción de Charlotte.

¿Quién es Raphael realmente?

Cuando lo vi ahí de pie, con el tatuaje de toro no quería reconocerlo, nunca quise aceptarlo, pero siempre fue el mismo. Me quedé muda, paralizada, sin saber cómo reaccionar. Sentí como el mundo caía poco a poco. Él no decía una sola palabra, ninguno de los dos lo hacía, pero su mirada, su expresión me producía asco, mis piernas no cedían debido al miedo, no sabía si salir corriendo o esperar.

Opté por esperar.

Cómo siempre tomando malas decisiones en mi vida.

— ¿Quién eres realmente? —Le pregunté desafiante

— ¿Nunca creíste que el ingenuo de Will era el verdadero Raphael? Pensé que funcionaria, pero fue una mala inversión.

—La verdad si me hicieron confundir bastante, no sabía en quien confiar, pero lo aprendí de ti—él se inquietó— a leer a las personas, saber cuándo están mintiendo y claramente Will no actuaba como el Raphael que me escribía por casi 1 año.

—Raphael...—Dijo el ahora llamado Will, estaba igual o peor que yo.

Mi voz temblaba al hablar, a pesar de que me sentía valiente. Tuve la misma sensación que cuando estaba en los vestidores, aquel día que robaron mi ropa interior.

Ninguna de las tres personas presentes hacía un movimiento.

"Huye, debes hacerlo" pensé, pero seguía sin poder actuar.

—Por lo que veo mi prima no te contó sobre mí— Su voz estaba ronca, ya no era el mismo Auguste, el chico tímido que se sentaba solo en clase.

— ¿Prima? ¿De quién hablas? —Empezaba a llorar— quiero saber realmente que quieres de mí— empecé a alzar la voz sin moverme de mi sitio. — ¿y por qué haces todo esto?

—Déjame explicarte todo Mircella— dijo mientras se levantaba y acercaba a mí y me tomaba por los hombros, acto por el cual me negué y me alejé de él, levantándome de inmediato.

—No te atrevas a tocarme Auguste. —Dije apartándome de él.

—Te llevaré donde está tu amiga.

—¡Maldito degenerado! —Lo empuje, o al menos intente hacerlo, era mucho más fuerte y no provoque que se moviera ni un centímetro.

Will en ese instante me miró. Con ver sus ojos noté que él no quería hacer esto desde un principio, aun así, no quita el hecho que no era una víctima, lo impulsaban sus propios propósitos. La expresión de su cara pedía perdón, pero seguía al lado del enemigo.

—Mi prima está bien, no le haría daño a mí propia familia, aunque ellos se hayan comportado como la mierda conmigo —inquirió Auguste.

— ¿A qué te refieres con tu prima? —Ignoró lo que pregunté y pensé claramente. Intenté correr lo más rápido hacia la puerta principal, pero solo la alcancé a abrir un poco cuando sentí que ambos jalaron mi blusa con tanta fuerza que caí de golpe. Auguste se posicionó encima de mí sujetándome fuerte las manos, no me podía mover, tampoco podía mover mis piernas, estaba atrapada. Traté de liberarme, pero fue inútil, grité pidiendo ayuda, pero me cubrió la boca, le mordí la mano, pero ni eso pudo detener su fuerza bruta.

No podía hacer nada.

—Cálmate y deja que te explique todo, cuando lleguemos donde está Charlotte, comprenderás mis razones—sus palabras me producían cierto asco.

—Si es verdad que la tienes, por favor libera a Charlotte, te lo suplico— Apenas me hacía entender, tenía taquicardia, empecé a sudar frío. El frío... se empezó a apoderar de mi mente y de mi ser, sentía que la sangre se subía hacia la cabeza y todo se tornaba oscuro, traté firmemente de escapar de su agarre nuevamente, pero fue en vano, cada segundo me debilitaba más, no entendía qué me sucedía.

—Ella estará bien, tú por el contrario no te ves bien, ¿Estaba rica la ensalada? Fue buena opción traerla, o ¿Sabía mal? aun así la terminaste, eres tan gentil, a pesar de que desconfiabas de mí —Hablaba con malicia, Auguste pasó de ser un chico tierno a uno malvado, era como otro igual, pero con personalidad distinta.

—Eres un maldito enfermo, ni siquiera sé quién eres realmente —Mi respiración era lenta y profunda pero aun así me sentía fatigada, intenté darle una patada en su entrepierna, pero me tenía bien sujeta. Mi vista se dificulta cada vez más hasta el punto de no sentir cada músculo y quedarme dormida.

Cedi sin querer hacerlo a sus intenciones.

                                                                                  ~

Al despertar estaba sujeta de manos y pies a una silla. Sentí una presencia detrás de mí, una amistosa. Era Charlotte.

— ¡Mircella! Cariño, ¿Estás bien? Gracias a Dios, cuando vi que te traían dormida pensé lo peor, lamento todo, sé que es mi culpa.

—Charlotte —No podía hablar bien, no tenía manejo de mi lengua, pero a pesar de la situación era grato verla, aspiraba que el encuentro hubiese sido en un lugar más agradable.

Ingresó Auguste a la habitación, se había cambiado de ropa, ya no usaba sus trajes costosos de diseñador, no llevaba su cabello bien peinado y limpio, ahora, tenía una ropa holgada, pantalones cortos que los usó a propósito para que no olvidara quién era él, ahora sí parecía al Raphael que conocía, su verdadera personalidad.

—Quién lo diría, que tendría en la misma habitación a la persona que menos soporto y a la que siempre quiero tener conmigo.

—Cállate Raphael, eres un imbécil. Por favor—Respondió Charlotte— ¿creíste que Mircella estaría contigo a pesar de todo lo que has ocasionado en su vida?, el ingenuo aquí eres tú.

Se refería a él sin miedo alguno y con la total confianza de que no le haría daño. Es muy valiente.

Sin embargo, ignoró sus palabras.

—Mircella vamos, acuérdate de mí. —me suplicó.

—Te juro que jamás te he visto en mi vida. —le dije con desprecio.

—No puedo creer que no me recuerdes, cuando entraste a la universidad yo era el encargado de dar el discurso… —dijo en voz baja sin mirarme a los ojos.

— ¡No me interesa! — le grité, y le escupí en la cara, la única mueca que hizo fue una de satisfacción cosa que me dio asco.

—Mircella, escúchalo por favor—Dijo Charlotte con un tono de voz diferente al anterior.

— ¿Tú sabías de esto? — le pregunté.

—No… Pero él también quiso que escuchara su historia, al no ceder, pase un mal momento.

Ambas quedamos en silencio y le di la oportunidad a Auguste de hablar.

—No le haría a Mircella lo mismo que a ti —Dijo fríamente— Cómo decía, ese día no había sido el mejor para mí. Había olvidado aquel discurso, no sabía qué hacer, pero tú entraste de la nada, como un ángel a mi rescate. Me colmaste de una pequeña esperanza que nadie más me había dado, luego de averiguar sobre ti me di cuenta que eres la amiga de la infancia de mi prima, te recordé, has cambiado mucho. Nunca imaginé amarte de esa forma.

—No recuerdo absolutamente nada de ese día. Mi memoria de esos años desapareció y solo recuerdo pocas cosas, ciertamente, recuerdo muy poco a las personas que conocí años atrás y jamás escuché de alguien llamado Raphael, conocía toda la familia de Charlotte, efectivamente estas mintiendo.

—Al parecer Charlotte no te hablaba mucho de mí, lo supuse—dirigió su mirada a Charlotte, la veía con desprecio.

—No estas enterado...—esta vez hablo Charlotte— Mircella sufrió un accidente casi mortal, esa vez perdió mucho, incluida su memoria, y parte de sus recuerdos. Sucedió poco después de conocerte, siendo así no te reconoce porque jamás le hablamos de ti.

—Por supuesto, un accidente, que gran pérdida. —Dijo Auguste— ¿Quieres explicarle a tu gran amiga nuestra historia, Charlotte?

Ella aceptó casi obligada, sintió que debía saberlo.

—Mi padre y el suyo son primos. Raphael siempre estuvo al cuidado de mi familia desde el momento en que su madre murió. Jamás lo abandonamos. Lo adorábamos. Su padre entró en depresión por lo tanto no era adecuado que un bebé quedara con él. Fue así por un largo tiempo. Mis padres se les dificultaba tener hijos propios, además de mi medio hermano, pero él siempre vivió con su madre. Después de muchos intentos nací y Raphael empezó a sentir celos y abandono, lo cual no fue verdad— hizo una pausa— Cada día las cosas empezaron a empeorar. — desesperado y aburrido de la historia, Auguste se levantó de su asiento interrumpiendo a Charlotte.

—Esta conversación podría seguir en otra ocasión, por supuesto. Ahora tengo que ir con Mircella —Se acercó a mí, pidió ayuda a unos hombres que estaban en la habitación, todos juntos me sujetaron de pies y manos fuertemente. Lo intenté muchas veces, hice mi mayor esfuerzo de soltarme y solo escuchaba la voz de Charlotte que pidiendo ayuda se alejaba, hasta tal punto de no escucharla.

En un momento que estuve sola con Auguste traté débilmente de huir hacia la salida, a pedir ayuda, aunque sabía que eso sería inútil en este caso, él pensó rápido y me detuvo. Me tiró bruscamente al suelo haciéndome golpear fuerte en el hombro y se posicionó encima de mí. Sujetándome con mucha fuerza. Ahora me sentía más débil que antes, ya no sentía mis manos, estaba anestesiado seguro, las drogas de Auguste seguían haciendo efecto en mi cuerpo lentamente.

—Te prometí que no te haría daño, pero no me dejas alternativa —dijo indignado mientras me apuntaba con una navaja, no sé de dónde la había sacado o si ya empezaba a imaginar cosas que en realidad no sucedían.

—Por favor, solo quiero irme, no me hagas daño. No me harías nada malo ¿Verdad? Por favor...—ahora lo único que veía era una sombra muy oscura que nublaba mi vista.

—No me iré tan fácilmente luego de saber que ya te tengo en mis brazos —el filo de la cuchilla la sentía cada vez más cerca, apuntaba delicadamente a mi cuello, estaba fría como un hielo y hacía estremecer mi cuerpo.

Me asusté, era una sensación muy extraña, ya no me sentía tan valiente como antes. Ahora es diferente, tiene un objeto que podría matarme, no sé qué podría pasar si hago un movimiento en falso, podría hacer cualquier cosa en un ataque de locura. Vi que su mirada había cambiado de una de odio a una de tristeza, y por fin dejó de apuntarme. Perdóname fueron las palabras que pronunció una y otra vez, por un momento pensé que estaba arrepentido de todo y me soltaría, pero me sujetó con más fuerza y se preparaba para su próximo movimiento. Empezó a besar mi cuello varias veces, no me excitaba, me producía asco y miedo; prosiguió a quitarme mis prendas, empezó por mi blusa y pretendía más, sabía lo que iba a hacer y no podía permitirlo, pero me empecé a sentir débil de nuevo, mucho más débil, y no podía reaccionar como quería, me sentía muy mareada. Apenas podía sentir su tacto, su sucio tacto. Empecé a ceder ante sus intenciones sin querer hacerlo de verdad, me tenía atrapada, ahora no eran mis manos las únicas que estaban dormidas, también mis piernas, los músculos de mi cara y todo mi cuerpo.

No quería que lo que estaba presenciando sucediera de verdad, no quería que él me violara, no podía pensar en nada más que poder escapar. Sus manos recorrían todo mi cuerpo y yo solo anhelaba que esta pesadilla se acabará pronto, que esto no fuera real, debí detenerlo antes, mucho antes de que todo esto pasará.

—Detente, por favor… no… basta… no lo hagas...

Mis palabras no eran suficientes para que él dejara de hacerlo, si acaso podía pronunciarlas, mi tono de voz era demasiado débil para que él me prestara atención y, aun así, si me escuchaba, no se iba a detener; ahora si estaba perdida.

No sé cuántos minutos pasaron, incluso pudieron ser horas, sentía mi cuerpo desnudo y el alma fuera de mi cuerpo, extraviada. En un instante escuché un fuerte golpe, quizás un disparo, creo que morí porque vi un ángel, realmente lo era. Luke entraba a toda prisa por la puerta, vio lo que estaba pasando, tenía una expresión de asombro e ira. Actuó rápido y sujetó fuertemente el paraguas que llevaba consigo y, sin pensarlo dos veces, golpeó a Auguste en la cabeza mientras esté apenas pudo darse cuenta de lo que sucedía. Agradecí tanto que estuviera cerca de mí. Luke se acercó, no podía pronunciar palabras de agradecimiento, tampoco mi sentido de la escucha funcionaba al cien por ciento. Luke me cubrió con su chaqueta dándome abrigo, después de tal acto vi otro hombre entrar, no era cómplice de Auguste, claro que no lo era, su rostro lo había visto antes. Quedó paralizado ante la situación, era Archie, el amigo de Charlotte.

Después de eso me desmayé cayendo en los brazos de Luke.

                                                                    ~

                                                          03 de la tarde.

Cuando desperté sentí una pesadez en mis ojos, una luz intensa no me permitía ver con claridad.

—Ya despertaste — dijo una voz mientras sentía que acariciaba mi cabello, era Charlotte, estaba sonriendo, al verla de nuevo mi cuerpo se llenó de alegría.

— ¿Estas bien? ¿Eres real? — dije con la garganta seca mientras tocaba sus manos, si era real.

—No te preocupes, ya todo terminó. Luke nos encontró a tiempo, venía junto con un grupo de agentes de la Policía, lograron capturar a todos los cómplices de Auguste, incluido él, no saldrá por un buen tiempo. Todo sucedió demasiado rápido, ellos apenas podían defenderse. Se descuidaron.

— ¿Cuánto tiempo he estado desmayada? ¿Qué pasó realmente? — Fue lo único que pude pensar, me dolía la cabeza y mi estómago pedía que ingiriera alimento.

Me miró con una expresión de no saber qué decir, o simplemente si no debía decirlo.

—Mircella no solo te desmayaste, quedaste inconsciente por dos días....

¿Qué me sucedió?

Dejé que siguiera hablando.

—Aún estás delicada, tenías sobredosis de unas pastillas para dormir, por eso te has sentido extraña. Raphael te las había suministrado sin que te dieras cuenta por varios días, es una pastilla muy fuerte, por suerte estás viva. Es un milagro que Luke y Archie nos encontraron a tiempo —Dijo con una sonrisa en su rostro tratando de darme positivismo.

— ¿Archie? Tu amigo.

—Si... mi amigo.

— ¿Cómo nos encontraron?

—Estuvieron vigilando tu casa, al verte salir con Auguste y otro sujeto se vio sospechoso y los siguieron.

—Mi Hermano... ¿Dónde está él? —pregunté preocupada.

—Pues verás —puso una cara triste y no supo qué decir— Luke lo llevó a la cafetería para que pudiera comer algo, todos se alegrarán de verte despierta.

Cambié el tema drásticamente, aún no podía creer lo que pasaba, quería estar al tanto de todo lo que pasó mientras estaba inconsciente.

— Jamás me contaste que Auguste es tu primo, tampoco que había muerto, nunca lo nombrabas... ¿Cómo es la historia? — ella quitó la sonrisa que antes dibujaba su rostro.

—Aún es impresionante que él esté vivo— estaba alegre por ese hecho, pero recordar su secuestro y todo lo que pasamos, inmediatamente su rostro cambio— me hubiera gustado que nuestro reencuentro hubiera sido diferente. No es agradable hablar de él, pero ahora es necesario, tienes que saber, no podría ocultarlo más. Sabes una parte. Mis padres cuidaban de él antes de que yo naciera, yo lo quería como un hermano, tal como quiero a mi hermano Jim, pero él al parecer no sentía lo mismo. Mis padres estaban ilusionados conmigo, habían perdido dos hijos, fui una bendición para ellos. Mi madre adora a Jim y Raphael, pero su sueño siempre fue tener hijos propios. Tiempo después, tuvieron que preocuparse más por mí debido a que era una niña muy débil y enferma, demasiado sin exagerar, y tenían que estar más pendientes de mí, pero Raphael no lo comprendía, empezaba a dañar todos mis juguetes, quemaba mi ropa, una vez me cortó el cabello quedando casi calva. Según él, pensaba que una niña fea con juguetes rotos no sería amada, él era solamente un niño, me lleva solo tres años. Mis padres no soportaron más y temieron que me hiciera daño, lo devolvieron con su padre cuando cumplió 12 años, él ya tenía una nueva familia y había superado la depresión.

— ¿Es por eso que tú no quieres saber nada de él? —pregunté interesada en su historia.

—No fue solo por eso. No debes recordarlo, por eso te lo contaré. En mi fiesta de cumpleaños número 16 llegó sin aviso, al principio lo vimos inofensivo, pero cambió de repente, arruinó todo, estaba ebrio o tal vez drogado. Destrozó el pastel y gritaba barbaridades. Nadie podía detenerlo, fue el peor día para mí, desde aquella vez lo odie, más de lo que nunca lo había hecho, ese día murió para mí, sin saber que años después supuestamente moriría.

Suspiró y siguió, sabía que no debía preguntarle, pero yo tenía que ver mucho con él, y era necesario que ella se desahogara.

—Al entrar a la universidad me enteré que él también estudiaba allí, sabía que vivía en Nantes, pero nunca pensé encontrarlo en la misma universidad. Después que ustedes se conocieron en su discurso introductorio, supiste que se trataba de Raphael, por lo tanto, empezaste a ignorarlo. El problema es que ahora no lo recuerdas.

— ¿Por qué él cambió su identidad? ¿Por qué nunca lo viste en la universidad cuando era Auguste?

—Will, el falso Raphael, nos contó todos sus planes. Mi primo fingió su muerte después de que la familia de su madrastra lo estaba odiando por lo de su hermano. Por nuestra parte quisimos refugiarle, él se negaba y por eso empezó su plan. Luego de mucho tiempo él volvió por ti, subsistía de varias formas, es impresionante cómo lo hacía. Cambió su nombre, es audaz, y gracias al dinero de nuestra familia podría lograr todos sus cometidos. Al parecer también tiene cómplices en la Universidad porque pudo entrar nuevamente sin problema y solo asistir a la clase de literatura, una asignatura fácil, por eso nunca lo vi, siempre se escondía de mí, —hizo una pausa— por cierto ¿Por qué jamás me contaste lo que te pasaba? Descubrí muchas cosas que te sucedieron.

—Hay muchas cosas que no te he contado, quisiera encontrar el momento para decírtelo.

Quedamos en un absoluto silencio, no queríamos seguir hablando del tema, en ese instante entró Luke a la habitación, en la puerta se quedó el chico misterioso, Archibald.

— ¿Cómo estás dormilona? ¿Te sientes mejor? — afirmé.

—Bien... supongo, ¿Por qué tú amigo es tan tímido? —Pregunté tratando de ser amable.

—Me dijo que no quería molestarte, después de todo no sería agradable ver a un desconocido en la misma habitación que tú. Después de lo de Raphael… Cuando lo vi en tu casa sospeché inmediatamente, no sabía quién era, pero no me agradaba su vibra. Aguardé pacientemente fuera de tu casa cuando los vi salir contigo en brazos, llamé a mi padre y te seguimos desde mi auto.

—Lamento haberles ocultado muchas cosas de él—me dirigí especialmente a Charlotte— si te hubiera dicho todo sobre él, lo que pasó en la piscina, en mi casa, las denuncias ignoradas... Quería resolver todo yo sola, no quería que nadie cargara con ese peso.

—Tranquila —me interrumpió— Algún día podremos hablar acerca de esto. Ahora no es el momento. Y también quiero que sepas que Raphael sufre de doble personalidad, es una enfermedad que se debe tratar a tiempo. Mi padre ya sabe todo, vendrá a ayudarlo.

— ¿Cómo sabes acerca de esa enfermedad?

—Mis padres lo comentaron, además yo noté muchas cosas cuando era pequeña, siempre que él dañaba mis juguetes era alguien malvado, rencoroso, pero luego de ver cómo yo lloraba, me abrazaba y decía que iba a estar bien, que la persona que me hacía daño iba a sufrir igual que yo. Era muy pequeña para entenderlo y es lo mismo que está sucediendo ahora Mircella. Él no está bien, no es una persona sana.

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