CAPÍTULO 3. LA HIPOCRESÍA DEL PUDOR

Después de una hora, estaba nuevamente llegando a casa de mi amiga Alondra. Debí irme,  porque Ivanna estaba apenada, se negó a entrar a la fiesta por cuanto habíamos sido descubiertos en una posición bastante comprometedora.

No pude evitar reírme al recordar la escena y el desquicie de la mojigata. A pesar de persuadir a Ivanna para quedarnos, ella se negó categóricamente. Además, su vestido se había arruinado, pues después del incidente se puso a llorar y el maquillaje corrido manchó la parte superior de su vestido. La pobre parecía un mapache y al final preferí llevarla a su casa.

De regreso pasé a mi departamento, ubicado de camino, para volverme a bañar y quitar de mí esa desagradable sustancia pegajosa, dejado por  nuestros fluidos. Me vestí y nuevamente volví a la casa de mi amiga Alondra.

Vestí una ropa más informal a la anterior, esta vez decidí estacionarme frente a la fachada principal, caminé hacia el interior de la casa antes de acudir a la zona donde se celebraba la fiesta. Me desplacé por el amplio pasillo, cuando estaba a punto de llegar al salón, escuché esa voz, la cual jamás olvidaría por el resto de mi existencia. La chillona mojigata que interrumpió mi momento de placer con Ivanna.

— "No me equivoqué, este señor estaba afuera en la parte boscosa del jardín teniendo sexo con una mujer, la tenía inclinada hacia adelante mientras él le daba por detrás y mis amigas pueden dar fe de la veracidad de esos hechos" — la escuché decir, me sonreí, mi pobre hermano estaba siendo víctima de la demonia esa, quien al parecer no solo tenía el defecto de la mojigatería sino también era una chismosa. No pude evitar soltar una carcajada al imaginarme la cara de mi perfecto hermano.

Cuando entré ella estaba de espaldas a la entrada, por ello no se fijó en mi llegada, sin embargo, las miradas de los presentes, ubicados frente a la puerta, se posaron en mí.

— ¡Esa voz chillona tan insoportable! —Exclamé burlesco —,Debe añadírsete dentro de tus cualidades, además de ser una atrevida y falta de respeto, no tienes la mínima noción de comedimiento —expresé mientras la chica giraba hacia mí con su rostro ruborizado del enojo.

No obstante, fruncí el ceño ante los chispeantes ojos de Alondra, la conocía suficientemente bien, para saber que solo se le ponían así cuando estaba enojada, lo cual me extrañaba en gran manera porque yo no le había hecho nada para justificar esa mirada.

Bueno, aunque podría haber concluido, de que el hombre en los arbustos, teniendo sexo con una mujer, era yo; y si de lo contrario tenía alguna duda, la dilucidó al escuchar a la chismosa.

—Definitivamente el cinismo no se mide —expresó la jovencita y había algo en ella, bastante familiar, me recordaba vagamente a alguien, pero buscaba identificarla en mi mente y no lograba ubicarla —. Discúlpeme tío Taddeo por haberlo acusado injustamente, cuando el culpable, está claro, no es nadie más, sino este señor ante mi presencia.

» No se podía esperar menos de usted Camillo Ferrari, maña vieja no es costumbre. Es un inmaduro, viejo verde, sin el mínimo sentido de la moral y el respeto. Exhibiéndose cuán adolescente en un jardín de una casa ajena,  abusando de la hospitalidad de quienes de manera ingenua lo invitaron.

Las palabras de la mocosa me dieron duro, tan fuerte, que si hubiesen sido golpes estaría noqueado y alguien haciéndome el conteo.

 — ¡Oh sí! ¡Señorita madurez! Me imagino cuan aburrida debe ser tu vida, eso explica su amargura. Además ¿Quién te mandó de fisgona ha meterte en lo que no debías? — ¡Ya va! ¡No puede ser! ¿Dijo tío Taddeo? si lo llamó de esa forma significa…acaso ella es... ¡No puede ser!, eso explicaría la molestia de Alondra y de Felipe, si las miradas lanzaran proyectiles, yo estaría muerto en este momento acribillado. No pude simular la expresión de mi cara.

— Me imagino por su gesto,  ya cayó en cuenta de quién soy yo. Por eso no hay nada más desatinado aquí, como lo son sus argumentos, de paso mal estructurados —indicó con suficiencia.

Como había leído en cierta ocasión en el libro "El arte de la guerra" de Sun Tzu, "La mejor defensa es un buen ataque", definitivamente esa era la táctica más conveniente para mí en ese momento.

 —Si tus padres te enviaron a Venezuela, según a aprender humildad y consideración por las personas, creo han perdido su tiempo y su dinero,  porque volviste más maleducada e insoportable. Creo  debieron haber corregido esa situación dándote unas cuantas zurras y así te enseñaban a respetar —le dije molesto.

Entretanto, todos nuestros familiares se mantenían en silencio, sin interrumpirnos desviando la vista del uno al otro dependiendo de quién hablara, como una especie de juego de pingpong.

— Si te atreves, ¡dámelas tú! —Espetó la chica retadoramente.

Sus palabras me provocaron un corto circuito cerebral, pues se lo tomó en serio, no pude evitar imaginarme desnudándole el culo y golpeándoselo con una fusta, con solo ese pensamiento, mi pene comenzó a levantarse, debí pensar en otra cosa para evitarlo, porque si me veían me terminarían creyendo un pervertido.

Para mi buena suerte la mojigata siguió hablando.

—. Me imagino sabes mucho de eso —respondió irónica —. Porque tus padres han de haberte dado unas cuantas, por eso eres un dechado de virtudes, demasiado, estoy ansiosa por seguir compartiendo con una persona con tan excelentísima educación como tú —manifestó sarcástica.

— ¿Sabes qué? No tengo por qué aguantarme insultos de una niñata con complejo de perfecta —declaré irritado.

— Y yo tampoco tengo porque aguantarme un tipo tan imperfecto como tú, y como la fiesta es en mi honor, desde ahora te declaro persona no grata. Espero sepas dónde está la puerta. —afirmó.

 —Ya estuvo bien Camil, aunque la razón te asista en algunos aspectos, no puedes correr a tu tío Camillo —habló con firmeza Felipe.

— ¡¿Tío mío?! —Exclamó con sorpresa la chica —, ¡Ni lo quiera Dios! Realmente ni recuerdo cuando lo vi así y lo idolatré, pero ahora no, veo su verdadera cara, solo es un toripollo, cuerpo de toro y mente de pollo; él no ha cobrado sentido de ser un adulto, quiere seguir viviendo la vida como si esta fuese un completo juego y él fuese un jovencito. Es mentira, su argumento de querer encontrar el amor, eso a él le tiene sin cuidado, lo hace porque es en lo único donde se siente puede destacar, entre las mujerzuelas que se busca.

Nuevamente sus palabras las sentí como un fuerte golpe en mi hígado, no solo me causaron dolor, sino también escozor en la piel, la tomé del brazo y le espeté.

—¡Basta! Tampoco me interesa tener una grosera como tú de sobrina, los míos son educados, no unos resentidos mal hablados como tú.

» En verdad desconozco el motivo de tu enojo ¿Qué te duele? ¿Acaso será el haberme visto teniendo sexo y complacer a una mujer? —.Y sin importarme la presencia de nuestros familiares, seguí expresando —, la envidia te carcome porque te hubiese gustado estar en la posición de ella, entiendo ningún hombre te ha hecho vibrar como lo hice yo con ella —sin embargo, mis palabras quedaron acalladas cuando sentí una cachetada cruzar mi rostro, dejándome un fuerte ardor en mi mejilla mientras se giraba, retirándose del lugar, acompañada del par de amigas.

Y lo más inverosímil de todo, los presentes en vez de recriminarla por su agresión y su actitud grosera, enfilaron en mi contra, observándome con ganas de matarme "¡Cuerdas de hipócritas!" Exclamé en mi interior, como si no se tratara de puros adultos y el sexo no fuese tan natural como tomar agua, además esas jóvenes no eran tan inocentes, por lo menos no las otras dos ¡pobres crédulos!

— ¿Saben qué? Mejor me voy y tu Alondra ve si educas a tu hija, es una altanera e insoportable, ¡Adiós! —Exclamé mientras salía molesto, sin seguir un minuto más allí.

No debí ir a esa fiesta, me hubiese sido más provechoso haberme quedado en casa, porque ahora no solo no pude follar con Ivanna, estaba a punto de subirme por las paredes por haber sido interrumpido justo en el momento de mi liberación, ahora también había ganado a pulso la enemistad de mis familiares y personas más cercanas, por culpa de la mocosa insoportable.

Llegué a mi casa y apenas entré, comencé a desabrocharme la ropa, subí a mi habitación, terminé de desnudarme y me coloqué un mono deportivo, porque hoy debía realizar un esfuerzo físico hasta agotarme, pues de lo contrario no podría dormir, pues por ese día el sexo estaba descartado, no me quedaba más alternativa, sino la de sustituirlo por un par de horas en el gimnasio de mi casa.

Entré al gimnasio y empecé mi entrenamiento, sin embargo, mientras hacía mi rutina de ejercicios, no dejaba de pensar en las fuertes palabras proferidas en mi contra por la "malcriada", pero mientras más trataba de desechar esos recuerdos, más se manifestaba la voz chillona y atormentadora de la muchacha...

Me había dicho ¡viejo verde! Yo no estoy viejo, aún soy joven, además no represento mi edad, parezco de unos diez años menos, esa era una característica familiar, siempre parecíamos más jóvenes de lo que realmente éramos.

Dejé los ejercicios y me paré frente al espejo, observé mi cuerpo bien formado, mis bíceps, mis tríceps, mi abdomen bien marcado, mis pectorales, luego acerqué mi rostro al espejo y no me vi arrugas.

—¡Mocosa estúpida! ¡Impertinente! No soy ningún viejo verde, soy un hombre joven y no será una niñata quien me haga acomplejar —proferí mientras terminaba mi rutina de ejercicios.

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La sangre me hervía, debí haberme quedado allí y darle unas cuantas bofetadas más, para enseñarlo a respetar. Era un gran abuso e irrespeto de su parte decirme que estaba envidiosa porque deseaba ocupar el lugar de la mujer esa. Quien solo jadeaba como una poseída, como si le doliera mucho la intromisión del bárbaro. Fruncí el ceño y me pregunté: ¿Sería eso doloroso? ¿Qué haces pensando en eso? me recriminé, intenté pensar y ocupar mi mente en otra cosa, no obstante, esa escena era reiterativa.

 Mis amigas me hablaban y yo estaba en la nebulosa nuevamente, pero esta vez, con claros indicios de excitación en mi panty, no era tan inocente para no darme cuenta de lo sucedido, con cada evocación de mi mente de la imagen donde él embestía a aquella mujer con fuerza, mi vagina palpitaba y se humedecía más, eso me causó terror y pegué un grito histérico.

—¡Ni loca, viejo verde!

Cuando giré la vista a mí alrededor mis amigas me miraban a la expectativa.

—¡Es un idiota! Y yo de mal pensada creyendo que se trataba de mi tío Taddeo.

—Mi querida amiga, no quieras evadir esta conversación, ¿Por qué gritaste de esa manera? —Me preguntó Valet, para luego mirarme sorprendida —¿Acaso te estabas imaginando con él? —inquirió mi amiga adivinando, mientras ambas me observaban acusadoramente.

 — ¡Están locas! Viejo verde y todo, mas lo veo como un tío —mentí porque para nada lo veía así, él simplemente era el hermano gemelo de mi tío político y para mi mala suerte mis amigas no me creyeron.

—Pero allá fuera dijiste, ¡¿tío mío?! ¡Ni lo quiera Dios! —me imitó Briggitte en un gesto de burla—, y me parece muy bien: ¿Le viste el tamaño de su pene? ¡Oh por Dios! Mis ojos se me iban a salir y mi coño comenzó a palpitar deseoso—expresó mi amiga con un gesto lujurioso.

— ¡Están locas! —Exclamé — ¿Cómo iban a ver su tamaño sí... sí...—mi lengua se atascó —, ... Estaba oscuro y no se veía —agregué con celeridad.

— ¡Muy fácil! ¡Ven Valet! —, inclínate como estaba la mujer y yo soy el papacito de Camillo —pidió Briggitte y la otra se inclinó como le decía, mientras ella se ubicaba por detrás imitando los movimientos de Camillo —, ¡viste! él salía de ella más o menos como a esta distancia, eso quiere decir que ¡su polla es grande! Porque ella disfrutaba de lo lindo, verlo así con ella te juro mojó mi braga.

 —Y la mía también —respondió Valet—. De solo imaginarme estar en el lugar de esa mujer me da un cucacardio —decían riéndose—, no me importaría follar con un espécimen como él, me debe llevar al cielo en segundos —agregaba mientras no dejaban de imitar los movimientos y hacer expresiones obscenas, sin dejar de reírnos con las ocurrencias, aunque a mí también me ruborizaban.

—Seguro estás excitada —declaró Briggitte burlándose —. Déjame ver, acércate —para comprobar sus palabras, me tocó los senos para ver si los tenía erecto, mientras no dejaba de hacerle los movimientos a Valet.

Hasta ser interrumpidas, cuando sin tocar la puerta, aparecieron mis padres, quienes pusieron una cara a punto de desmayarse por la escena presenciada, mis amigas se quedaron en shock por haber sido encontradas en esa posición y yo quería que el piso se abriera en ese instante y me tragara, por la profunda vergüenza sentida.

“El pudor es una hipocresía enorme, aunque corriente, y consiste en no decir sino rara vez lo que se piensa continuamente.” Anatole France.

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