Regla n.º 1: No toques a Daddy
Christian de Luca no ha tocado de verdad a una mujer en un año.
No desde que su esposa, Claire, murió. Fue la única capaz de saciar el hambre que llevaba dentro. Desde entonces, ninguna otra ha conseguido despertar algo en él.
Hasta que la hija de ella cruza la puerta de su casa.
Ivy tiene dieciocho años, el cabello rosa, una lengua afilada y no se parece en nada a la mujer dulce y obediente que él enterró. Solo permanecerá bajo su techo durante una semana, hasta cumplir diecinueve años y heredar la casa que le dejaron.
Una semana.
Christian se repite que no la tocará. Que la violenta atracción que siente nace del duelo, no del deseo. Que todavía puede controlar la oscuridad que ella despierta en él. Después de todo, ella es la chica a la que debía proteger, no poseer.
Pero Ivy ve la forma en que él la mira.
Y no tiene miedo de ponerlo a prueba.
En una casa llena de reglas, puertas cerradas con llave y la sombra persistente de un asesinato que sigue sin resolverse, lo único más peligroso que los hombres que mataron a su madre... podría ser el hombre que no puede dejar de desearla.
Siete días. Una regla inquebrantable. Y un hambre que se niega a permanecer enterrada.
Este libro es extremadamente explícito. Si no soportas el contenido intenso y los temas sensibles —BDSM, violencia y escenas sexuales explícitas—, será mejor que no sigas leyendo.
Pero si te gusta tanto como a mí...
Bienvenido al caos.