Lo usó para tener un hijo y no pudo controlarlo
Hace seis años, Laura Benítez pasó una noche con un joven universitario de origen humilde, elegido por su esposo.
Ella solo lo vio como un miembro insignificante de la rama secundaria de los Fuentes, joven y fogoso, útil para un solo uso.
Seis años después, la vasta fortuna de millones de su esposo fallecido cayó en sus manos.
Laura se transformó en la viuda más deslumbrante y poderosa de la Capital, custodiando el enorme Grupo Fuentes en nombre de su hijo.
En el mundo empresarial, se movía con destreza, y en cada gesto emanaba una frialdad que controlaba la situación por completo.
Quién iba a pensar que, en un banquete de licitación de proyectos, el hombre a quien una vez ató los ojos con seda negra en la oscuridad, ahora vestido de impecable traje, se alzaría en la cima del poder.
A su lado, apoyada en él, estaba su primer amor, mirándola con ojos tan tranquilos e inmutables.
Como si ya hubiera olvidado por completo aquella noche de desvarío.
Laura contuvo el aliento, sintiendo un ligero alivio.
Al cruzarse, la voz del hombre, baja y lenta pero cargada de un frío se filtró con precisión en su oído:
—Tanto tiempo sin verte.
***
Cuando ya ha sido marcada por una bestia, ¿cómo podría salir ilesa?