El trayecto de regreso a la casa de los Miller fue, para Sebastián, el viaje más largo de su vida. El volante de su coche de lujo, que solía ser un símbolo de su estatus, ahora se sentía como un objeto prestado. Al detenerse frente a la fachada de la mansión, el jardín perfectamente podado y las columnas de mármol le parecieron una burla cruel. Aquel lugar ya no le pertenecía; era, legalmente, territorio de Sterling Holdings.
Al entrar, el silencio de la casa fue roto por el sonido de una discu