En los días que siguieron, Lucas y yo nos llevamos muy bien gracias a la complementariedad de nuestros caracteres. Teníamos una perfecta comprensión mutua y, en tan poco tiempo, ya nos sentíamos como dos almas gemelas. Fue en ese momento que finalmente entendí que había sido muy estúpida en el pasado, dedicando tanto tiempo a una persona que no merecía mi amor.
Sin embargo, días después, recibí un mensaje de felicitación de mi amiga:
[Aria, después de tantos años de sufrimiento, ¡por fin ganaste