En ese momento, Isabella era la que se había quebrado.
Cristina aún estaba admirando lo guapo que era el presidente de la Corporación Sierra, cuando se volteó y vio que su amiga estaba muy pálida.
—¿Qué te pasa?
Isabella agarró la muñeca de su amiga con fuerza. Estaba asustada.
Cristina se preocupó.
—¿Quién te asustó?
—Alejandro. —Al decir ese nombre, a ella se le trabó la lengua.
—¿Lo conoces? —su amiga era superficial. Le gustaban los hombres guapos; tenía mucha curiosidad sobre la identidad d