Capítulo 608
Con el peso de Eduardo y Diego detrás, Isabella sabía perfectamente cómo fingir obediencia cuando le convenía. Estaba acostumbrada a esa estrategia; nunca sintió vergüenza al usarla. Para ella, pedir disculpas no era humillación.

Era un método para conseguir lo que quería. Además, si se había dignado a bajar la cabeza, entonces Sebastián —no, el tipo— tenía que complacerla. Eso era lo que daba por sentado.

Isabella esperó tranquila a que todo saliera como había imaginado. Pero su actitud ahora,
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