“¡Dándole una lección, se calmará!” pensaba Nicolás.
Pero Diego no solo no estaba de acuerdo, sino que se molestó más por eso.
—¿Quieres repetir lo que acabas de decir?
Incluso a través del teléfono, esa voz lo dejó con los pelos de punta.
—… Perdón, señor Villareal, me pasé de la raya —balbuceó.
En el fondo, Nicolás despreciaba a Sofía, pero, al fin y al cabo, ella había sido la mujer de Diego. Aunque ya no la quisiera, seguía siendo “suya”.
Un asistente no tenía derecho a opinar en asuntos pri