Deseos prohibidos
Ismael se inclinó hasta mí juntando nuestros labios, un beso demasiado inocente y tranquilo para lo salvaje de su pasión, fue tan raro que me inquiete al instante... que era lo que pensaba su sucia mente, abrí mis ojos de repente, percatándome de donde estábamos, mire el gran ventanal que tenía a mi derecha de la ciudad detrás, y con rapidez pose mi mano en su boca apartándolo para vernos a los ojos.
—Alguien puede venir, Ismael... y de paso está esa ventana. Así que mejor pa