Con una calma inquietante, casi fría, Selene empezó a golpear suavemente el volante con sus delicados dedos mientras observaba a Ana, que estaba visiblemente molesta, actuando como una especie de payaso que intenta suicidarse.
Entonces, con su voz suave y agradable, Selene habló de nuevo:
—Señora Herrera, no olvides que fue tu familia la que mató a mi hijo. ¿Tienes la conciencia tranquila después de todo este tiempo?
La respuesta de Selene dejó a Ana sin palabras, mostrando una expresión de pán