Una mujer con unos labios rojos impresionantes, luciendo una falda corta ajustada con una abertura y tacones altos, entró paso a paso en la sala, apareciendo frente a todos.
La sala, que antes estaba llena de emoción, en este momento cayó en un silencio sepulcral.
Luego, los murmullos de asombro llenaron el aire.
—¡Es Selene Soto!
—¿Qué está haciendo aquí?
—¿No se había desvanecido?
Rosa y Fausto, en el escenario, estaban atónitos.
Fausto, al ver la situación, reaccionó rápidamente y adoptó una