—Patrona— Nacho llamó desde la puerta.
—Nacho, ¡tú también viniste!— Mariana vio a Nacho y lo saludó con una sonrisa.
Nacho asintió con la cabeza, un poco sonrojado.
—Te traje algo de comer, no estoy seguro si te gustará...
Mariana vio la bolsa que llevaba Nacho y dijo feliz:
—¡Ya vi! ¡Es de mi restaurante favorito!
—¡Me alegra que te guste!— Nacho sonrió torpemente y rápidamente dejó la bolsa en la mesita junto a la cama.
—Gracias, Nacho— agradeció Mariana.
Nacho se puso aún más rojo.
—No ha