Capítulo 27 – Algo mágico.
Caminaba sin ánimos por hacerlo, arrastrando los pies, mirando hacia abajo, dándome cuenta de la situación.
¡Oh Dios Mío!
¡Quería morir de vergüenza!
Había bajado a la recepción en bragas, con tan sólo esa camiseta.
¡Por Dios!
¿Cómo podía ese hombre haberme vuelto tan loca?
Levanté la vista, justo cuando le vi allí, frente a la puerta, con mis sandalias en la mano. Golpeó la puerta nuevamente, un poco más. Chasqueó la lengua, molesto, para luego girar la cabeza, encontrándome allí, sorprendiéndo