—Al parecer, enamorarte de idiotas sigue siendo tu mejor pasatiempo —resopló Manuel tras escuchar la historia de una a la que nunca quiso considerar su amiga por lo mucho que a él le gustaba y el que ella no pareciera gustar de él.
—Yo no diría que es el mejor —declaró la joven mujer—, pero definitivamente es el más constante; de todas formas, agradezco haberme dado cuenta de su juego antes de creerle que me amaba, eso sí habría sido desastroso, y tal vez no me hubiera levantado de donde él me