—Sabía que no estarías despierta —dijo Manuel, sonriendo a la joven que, despeinada, le miraba con solo uno de sus ojos abierto—, pero tengo algo que hacer a las diez, así que, ¿te parece que empecemos con tu caso ahora?
Rebecca suspiró antes de asentir. Tras escuchar la puerta sonar ella miró su teléfono y vio que no eran ni las siete de la mañana aun, faltaban algunos minutos para ello, eso era demasiado temprano para ella que había dormido al fin luego de meses de no haber podido hacerlo bie