—¡Hagamos otra apuesta! —le gritó por sobre el ruido del avión—. El que no se desmaye de aquí al suelo, gana el próximo «Sí».
Sammy puso los ojos en blanco, pero asintió mientras el avión ganaba altura. En pocos minutos los instructores los prepararon y Sammy juntó las manos para que no le temblara