Sammy se miró aquel vestido que Ángel había roto de una vez hasta por encima de las rodillas.
—¡Maldición, el trajeado engaña! —murmuró Lory impresionada—. Algo debe tener debajo del trajecito cuando te hizo eso. ¿Me lo puedo quedar?
Sammy puso los ojos en blanco con una sonrisa.
—Puedes, pero te