Sammy sonrió, no podía hacer otra cosa cuando veía la tierra tan cerca.
—¡Casi llegué! —gritó emocionada, golpeando el pecho de Darío, que se hundió un poco bajo su peso.
—Casi llegaste, princesa —murmuró él, mirándola con aquellos ojos penetrantes que le aceleraron a Sammy el corazón—. ¡Vamos!
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