—¡¿Abu…?! —Darío abrió la boca como si no pudiera creer lo que estaba diciendo y se pasó las manos por la cara.
—¡Sí, aburrido! Tus emociones extremas terminaron porque tenemos todo lo que necesitamos, y ahora quieres hacernos nadar hasta el otro lado. Porque hay que nadar, ¿verdad? ¡Pues yo no voy