—Así que soy la carnada… —gruñó con impotencia—. ¡Joder!
Lo que no imaginaba era que del otro lado de la ciudad, su familia estaba mucho peor.
Darío sabía que solo había sentido una desesperación semejante una vez en su vida, y había sido cuando habían envenenado a Sammy.
Y ahora su gemelo estaba