—Exacto, yo soy tu tabla de surf personal —le susurró al oído y ella pareció tranquilizarse.
Tenía los ojos abiertos, desenfocados y perdidos, y dolía más verla así que dormida. Darío no dijo nada cuando Ángel tomó su mano y la acarició con cariño, mientras iba pasando a ratos por otros episodios d