Sammy se sentía como una seta en un rollito primavera, tratando de salir pero realmente no había cómo. Darío se había puesto un pantalón antes de salir detrás de Ángel, y en la otra habitación se había roto más de un mueble.
—¡Maldición! —rezongó Sammy tratando de darse la vuelta, y aunque le costó