Permanecer en ese lugar solo los ponía en riesgo cada vez más y Richard no aparecía; el tiempo jugaba en contra de todos. Ahí permanecían agachados en el asiento trasero del auto de Tom. Aparte de eso, tenían al lado el auto de Richard, esperando también por él.
—¿Crees que nos has visto? —inquirió Tatiana entre susurros.
—No lo sé —respondió James—, pero tenemos que mantener la calma y esperar. No podemos arriesgarnos a ser descubiertos ahora.
Pronto pudieron respirar con más calma, lograd