93. EN LA TRAMPA
CAPITULO 92
René no se cerró la camisa cuando se alejó, ni recogió los papeles del suelo ni tampoco dijo nada más. Se fue como vino, dejándola así, hirviendo de la rabia, frenética, sonrojada y en llanto.
Cuando no escuchó más nada, Cristina se dio la vuelta y suspiró en silencio. Tomó asiento, mientras el amanecer ya llegaba.
Su cuerpo continuaba hirviendo por lo que había hecho. Su cuerpo lo reconoció y eso no podía negarlo. Su cuerpo, al que le ordenó nunca volver a sentir algo por René, se