113. LOS GEMELOS NO DEBEN LLORAR
CAPÍTULO 113
—¡Vamos a jugar! Vamos, vamos —jaloneaba Owen con sus manitas el brazo de René.
Y Gael, todavía guindando en los brazos de Cristina, también exclamaba:
—Yo quiero jugar con papi —dejó saber—. No tú.
—No. Yo —Owen se señaló, y con su otro dedito señaló a su hermano—. Tú no. Tú no.
Cristina no podía comprender por qué sonreía ampliamente, al ver éste lado de los gemelos. En los dos añitos que ya tenían su atención siempre era Cristina, y en el mejor de los casos, sus madrinas, aunque