102. UNA CRUEL MANIOBRA
—Déjanos solos —fue lo primero que dijo Laura antes de que Cristina hablara.
El oficial, recordaba su nombre, Martínez, asintió, movió las llaves y se marchó. Cristina entreabrió los labios al darse cuenta de que era obvio lo que estaba haciendo. Lo que Laura logró hacer. Cristina apretó los barrotes, con lágrimas en los ojos, encarándola con una rabia que jamás sintió, ni siquiera cuando Cristal se marchó.
Laura se cruzó de brazos.
—Hay una última cosa que quiero que hagas —hizo un gesto de de