Cerré los ojos y los apreté con fuerza, conteniendo el inusual sonido que luchaba por escapar desde el fondo de mi garganta. Me contuve, mientras sentía su lengua deslizarse caliente por mi piel, recorriendo mi cuello, despertando un no sé qué desde el fondo de mi ser.
—A juzgar por la manera en que te mantienes tan rígida, puedo asegurar que no has llegado demasiado lejos con nadie... ni siquiera con él —musitó con seducción, presionándome contra sí.
No respondí nada, pero jadeé de sorpresa