Jadeé de dolor cruzó la habitación en pocas zancadas y sorpresivamente me tomó de la muñeca, obligándome a levantarme del suelo.
Su helada mirada cayó sobre la pequeña caja de terciopelo que yo aun sostenía con fuerza.
—Ya veo lo que ocurre —dijo y sonrió con burla.
Intenté esconder el anillo tras mi espalda, pero él fue más rápido y de un movimiento me lo arrancó de las manos. Y sosteniéndolo fuera de mi alcance, lo miró con curiosidad.
—Me sorprende que alguien como tú, sea capaz de apreci