CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO: CUBRE SUS OJOS
¡Qué pequeño era el mundo! ¿Hasta dónde era capaz de llegar la ambición de las personas pero sobre todo, hasta dónde era capaz de llegar el maldito odio que consume un corazón, incluso tratándose de un corazón que estaba atado a otro por las leyes más sagradas del mundo y que era las de la hermandad?
Porque mientras abajo una celebración se estaba llevando a cabo y que no era nada y nada menos que de los Montiel, arriba, un Montiel, el más importante