Frederico Grey Volkov
Liliana seguía temblando cada vez que la tocaba.
Su cuerpo se tensó en el instante en que la alcé en brazos, como si esperara violencia en lugar de cariño. La llevé por el silencioso pasillo de la mansión junto al lago; su peso apenas se notaba contra mi pecho. Esta vez no se resistió: estaba demasiado exhausta, demasiado agotada emocionalmente por el accidente en la carretera, por el viaje, por todo lo que la había obligado a soportar delante de Alex. Apartó la mirada, y